Las ratas también ríen.
- 12 nov 2016
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Dice el diccionario de la Real Academia que las cosquillas son una «excitación nerviosa acompañada de risa involuntaria, que se experimenta en algunas partes del cuerpo cuando son tocadas ligeramente». Los científicos saben que las cosquillas producen habitualmente una sensación placentera, gracias a la dopamina, un neurotransmisor clave en el sistema de recompensa del cerebro. De hecho este gesto, que de forma amistosa provoca la risa, en el medievo era considerado una forma de tortura. Sin embargo, la función de las cosquillas y sus mecanismos neurológicos son aún desconocidos.
En cualquier caso, lejos de tomárselo a risa, los científicos se interesan bastante por esta intrigante sensación que no es exclusiva de los humanos. De hecho, un grupo de investigadores ha identificado unas neuronas en el cerebro de las ratas responsables de las cosquillas y las risas que las acompañan. Y es que los roedores también se ríen, aunque de forma imperceptible para nosotros, ya que emiten sus carcajadas en forma de ultrasonidos, que no están dentro del registro del oído humano. El trabajo lo publica la revista Science.
Localizadas las neuronas, los científicos lograron, mediante su estimulación, provocar que las ratas rieran sin necesidad de acariciarlas en las zonas donde siente las cosquillas. Además, se descubrió que, como los humanos, estos animales disfrutaron de las cosquillas sólo cuando estaban de buen humor, pero no cuando estaban estresadas.
Curiosamente, los resultados sugieren que la corteza somatosensorial -en la que se encuentran las neuronas de las cosquillas- puede jugar algún papel en el estado de ánimo. Este es un hallazgo novedoso, porque tradicionalmente esta región del cerebro se ha asociado principalmente con la sensación del tacto.
De hecho, en la corteza somatosesorial hay una representación de ciertas regiones del cuerpo, que más o menos extensa dependiendo del nivel de importancia de su respuesta al tacto. Por ejemplo, existe una gran región de la corteza dedicada a la sensación en las manos, la boca o la lengua, mientras que a la espalda corresponde un área considerablemente menor.
Continuando con investigaciones anteriores, en las que se descubrió que las ratas emiten una risa ultrasónica que no es audible para el oído humano cuando les hacen cosquillas, Shimpei Ishiyama y Michael Brecht, de la Universidad de Berlín, decidieron supervisar la actividad neuronal en la corteza somatosensorial de las ratas para obtener más datos acerca de dicha sensación. De forma coherente con afirmaciones anteriores que establecían que las cosquillas resultan gratificantes, las ratas se acercaron rápidamente a la mano del investigador que hacía las cosquillas y mostraban un comportamiento de estar disfrutando de la experiencia, con saltos espontáneos inducidos por dichas cosquillas («saltos de alegría»), acompañados por risas ultrasónicas.
Los investigadores descubrieron que las ratas mostraron mayores niveles de risa acompañada de mayor actividad neuronal en las capas profundas de la corteza somatosensorial cuando se les hacía cosquillas. Y al contrario, que estimulando esas mismas neuronas cuando las ratas no estaban recibiendo cosquillas podía provocar también las risas. Sin embargo, cuando las ratas se encontraban ansiosas, por ejemplo cuando se las colocaba en lo alto de una plataforma elevada que las atemorizaba, la risa provocada por las cosquillas y la actividad neuronal se suprimían de forma significativa.
Los investigadores mencionan que estos descubrimientos sustentan la idea de Darwin de que «la mente debe estar en una condición placentera» para experimentar risa provocada por cosquillas.
Darwin no ha sido el único científico que se ha interesado por las cosquillas. Ya Aristóteles, en el siglo IV a. C., advirtió que las cosquillas son más intensas cuando nos pillan por sorpresa que cuando adivinamos las intenciones de quien se propone hacerlas. Por esa razón, reflexionó muy acertadamente que nadie puede hacerse cosquillas a sí mismo.































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